Amor por la lectura
DIARIO LA VOZ DEL INTERIOR AUGUSTO ARGAÑARAZ
En una escuela de San Javier, en Traslasierra (R. Argentina), los niños tienen una hora de clase que les agrada mucho
Los datos que acaba de dar a conocer el Ministerio de Educación de la Nación sobre la calidad educativa que se imparte en escuelas y colegios de todo el país son muestra de una realidad que a diario se palpa. En su mayoría niños y jóvenes no manejan los conocimientos mínimos de lengua y matemática. La evaluación oficial se formalizó durante el año pasado tomándose un segmento compuesto por 150 mil alumnos que estudian en establecimientos estatales y privados, comparándolos con el anterior muestreo desarrollado en 1993.
Ante este cuadro preocupante, gratifica y reconforta "descubrir" que en la Escuela General San Martín, de San Javier, en Traslasierra, una simpática, oportuna y singular iniciativa llevada adelante por el grupo docente de este establecimiento oficial aporta, como un grano de arena en el desierto o una gota de agua en el océano, un emprendimiento superador sobre esta dura realidad pedagógica de nuestros días: niños y adolescentes se han anotado con entusiasmo en el Taller de Lectura que una vez por semana se desarrolla durante una hora de clases.
La idea-fuerza se asienta en argumentos que obedecen a una elemental pero rigurosa lógica. Es que los alumnos "cada vez se alejan más de la lectura placentera, unas veces porque medios de comunicación como la televisión, acaparan su atención con imágenes simplistas. Otras veces porque los ingresos económicos de la familia prioritan otros valores a la compra de un libro. Otras veces ni siquiera tienen oportunidad de acercarse y descubrir el placer de la lectura porque no hay una planificación que los incentive e intente iniciarlos en ella", se advierte en la fundamentación del proyecto de la Escuela San Martín.
Un taller que se implementa desde el año pasado y que, seguramente, ganará espacio conforme al interés que muestren los alumnos desde el Nivel Inicial al tercer año del CBU (Ciclo Básico Unificado).
Este colegio ya ha cumplido 100 años de existencia y comenzó a funcionar en el mismo lugar donde hoy está asentado, a la vera de la ruta 14. Luego, tuvo que mudar sus instalaciones y alquilar unos metros más allá. Finalmente, en la década del ’50 tras dinamitarse los vetustos muros del enclavamiento original, se erigió el nuevo edificio en el antiguo sitio de su nacimiento. Acá funciona el primario y el primer y segundo año de la enseñanza media, mientras que el tercer y cuarto del CBU utiliza otro edificio frente a la plaza principal de San Javier.
La Voz del Interior dialogó con tres docentes de la escuela primaria, la vicedirectora Raquel Ponce y las maestras Alicia Ahumada y Marina Olmedo, para escuchar soportes ampliatorios de una idea-fuerza que ha recibido ya el beneplácito de los padres de los alumnos al ver que sus hijos emprenden con entusiasmo una tarea nueva y edificante.
Olmedo aclara que el proyecto se puso en marcha en 1999 en todos los ciclos y, como llovido del cielo, la escuela tuvo oportunidad de presentarse a un concurso que organizaba el Plan Social Educativo de la Nación destinado a la presentación de proyectos que estuvieran en marcha. El colegio San Martín obtuvo el premio zonal en la provincia de Córdoba por su trabajo "taller de lectura", por lo que recibió una gratificación de 300 pesos.
"El primer intento del proyecto estaba orientado a que el niño se relacionara con libros adecuados a su edad, mientras nosotros observábamos el interés por la elección. En un primer período, como los volúmenes eran nuevos, los niños no se aburrían de mirarlos y los más grandecitos de leerlos. Cuando hizo falta renovar la biblioteca, en una segunda etapa del proceso, apareció lo del concurso. Nos presentamos, ganamos y con ese dinero pudimos comprar más libros, ampliando de esa manera la capacidad de lectura", dice Olmedo.
Tanto la vicedirectora como la docente Alicia Ahumada no economizan su entusiasmo a la hora de expresar sus puntos de vista acerca de los resultados que se recogerán en el futuro, "serán en el mediano y largo plazo", apuntan.
Ante la pregunta sobre si los niños, superado el primer momento de la novedad, continuarán entusiasmados por la lectura, las docentes no dudan en resultados optimistas. "Si el 10 por ciento de la clase se interesa ya es todo un triunfo", señalan en común acuerdo. Además los niños pueden obtener prestados los libros que deseen, sólo deben abonar 50 centavos por mes a la biblioteca, un precio tan exiguo como simbólico; si no lo devuelven en el término de una semana, deben pagar un recargo de algunas moneditas.
Lo interesante del tema es que los alumnos acuden a la clase de lectura por placer durante la hora en que el docente debe dar determinada materia. Se coloca un cartelito hacia fuera del grado en donde se pide absoluto silencio. Si el educador observa cierta desatención en los niños o bien que no están en "onda" para dedicarse de lleno a las tareas, se interrumpe el trabajo y se sigue dictando el programa establecido en esa hora.
"Esto es, si la maestra está dando matemáticas, sigue enseñando matemáticas. En general, son los propios niños los que se interesan vivamente por lo que leen y respetan así a sus compañeros de pupitre, respetando el silencio", explican las docentes.
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