Entre velas y recuerdos
Cada año el primero de noviembre, los cementerios parecen cobrar vida: se convierten en centros iluminados y son visitados por gran cantidad de gente con flores y velas.
Luis Repetto Málaga, Presidente de la Red Iberoamericana de Gestión y Valoración de Cementerios Patrimoniales, nos cuenta que "en el Perú, como en otras partes del mundo, la Iglesia Católica conmemora el día de los difuntos, cada 2 de noviembre, a partir del concilio de Oxford (1222), que mandó a conmemorar a los difuntos en este día para que las almas de los muertos, todavía impuras, reciban el auxilio de los vivos con
En la imagen vemos parte del cementerio San Teodoro
oraciones que les ayuden a ganar la gloria eterna."
La costumbre de velar durante toda la noche y quizá madrugada junto al nicho del ser querido, tiene por finalidad que la luz de las velas se convierta en luz espiritual que logre iluminar el camino de las ánimas hacia la gloria eterna. Para ello, los familiares acompañan las velaciones con oraciones pidiendo por el descanso eterno del difunto.
Hay que recordar, que quienes necesitan borrar sus culpas son sólo los adultos, por eso es que jamás se vela a los niños pues ellos tienen asegurada su entrada al cielo.
Cuenta la costumbre que las madres que perdían a sus hijos pequeños buscaban a otros niños para regalarles dulces, de allí vienen los populares "angelitos" que se acompañan con las famosas "roscas de muerto", cacterísticos de este día.
En algunas zonas de la sierra, sobre todo en las no urbanas, también se acostumbra llevar una banda de músicos, comida y licor para acompañar al difunto.
