¡Al Señor de Los Milagros!
En una pared de barro
apareciste omnipotente,
bajo el pincel de un esclavo
y la admiración de la gente.
Corona de espinas en tu cabeza inclinada,
tu mirada bondadosa como una paloma mansa
y los brazos extendidos como
quien de amar no se cansa.
De la mano de un esclavo
quisiste ser pintado,
quizá para demostrarnos
que todos somos hermanos.
Del mar calmaste la ira
y los terremotos cesaron
ante tu presencia divina
blanco y negro se postraron.
Como "Señor de los Milagros"
los fieles te bautizaron
y hoy yo te pido
¡Señor, un solo milagro!:
la paz para este mundo
y la unión entre hermanos
que los peruanos se cobijen
bajo tu manto morado.
Lucía Beatriz Vences Delgado
