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Disciplina y Autoridad Positiva
11 / 2007
Magister Claudia Schiappa-Pietra
“Árbol que Crece Torcido, nunca su Tronco Endereza”
(Alexander Lyford Pike)
Los primeros años de vida del niño son fundamentales para su posterior desarrollo y desenvolvimiento dentro de la sociedad y por ello consideramos de vital importancia una auténtica formación de la disciplina desde estos primeros años. Es justamente desde la primera infancia, donde hay que aprender a poner límites a los niños partiendo de la idea que los padres son los primeros educadores de ellos. Cuando dentro de la familia no se logra y en el momento oportuno, sentar las bases de una auténtica disciplina es muy probable que tampoco lo corrija la sociedad.
Actualmente existe una crisis de autoridad. Ello genera efectos graves como el deterioro del papel de la institución familiar como núcleo de organización social perjudicando la formación de niños y jóvenes para una vida adulta provechosa e inhabilitándolos, en muchos casos, para educar una generación siguiente…debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro no el mundo de nuestros padres ni el nuestro.
Un hijo forjará su carácter en tanto en cuanto, perciba la autoridad de sus padres y por ello es necesario el ejercicio de una auténtica autoridad positiva, es decir, actuar con ternura y firmeza. Para ello es necesario hacer uso de nuestra autoridad como padres y maestros en forma positiva, es decir:
· Tener objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos: pocos objetivos, formulados y compartidos por la pareja y/o el maestro de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen.
· Enseñar con claridad cosas concretas: Para el niño, no tiene mayor importancia que le digamos “sé bueno” “pórtate bien” o “come bien”. Lo que sí le puede interesar, es darle con cariño instrucciones claras de cómo agarrar correctamente el tenedor, dónde guardar sus juguetes, etc.
· Establecer reglas de juego:
· Dar tiempo de aprendizaje, es decir, una vez dada las instrucciones, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo.
· Valorar sus intentos y esfuerzos por mejores resultados de lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal.
· Respaldar las palabras con hechos, para los niños, los hechos son más elocuentes que las palabras, ellos demuestran claramente y sin posibilidad alguna que no nos limitamos a hablar sino que ejecutamos las acciones correctas cuando es NECESARIO.
· Confiar en ellos.- la confianza es una palabra clave y la autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en sus padres.
· Actuar y huir de los discursos.- los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0
· Hablar con ellos sobre los motivos de su mala conducta: Dándoles un mensaje claro y preciso de lo que los padres esperan de los niños y cuáles son los medios para corregirlos.
Recordemos:
Educar con amor, supone tomar decisiones que, a veces, son dolorosas, a corto plazo para los padres y para los hijos, pero podemos sentirnos seguros que después éstas son valoradas.
En el mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter.
“La disciplina es la parte más importante del éxito”.
(Truman Capote)
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