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Cuando los niños se vuelven sedentarios
08 / 2007
CARLOS ALBERTO ROSALES PURIZACA* EDUCADOR * rosalespurizaca@gmail.com
El 63% de madres considera que sus hijos juegan poco al aire libre. Esta encuesta fue realizada por dos especialistas de la Universidad de Yale, hecha a 1500 madres de 10 países (Brasil, Tailandia, EE.UU., Turquía, Sudáfrica, Gran Bretaña, India, China, Francia y Argentina), las cuál es a su vez perciben un aumento en el consumo de videojuegos y la televisión. (Diario Clarín de Argentina.12.08.07.Adriana Santagati).
Un estudio realizado durante 20 años a niños de 678 familias norteamericanas, concluye la existencia de una relación inversamente proporcional entre el tiempo que los niños y adolescentes pasan frente al televisor y su éxito escolar. El tiempo empleado en la televisión a los 14 años, determina el fracaso escolar a los 22. Constata que los niños que ven mucha televisión dedican menos tiempo a la lectura y al cumplimiento de s us deberes en casa. (Tendencias 21. Olga Castro-Perea. 21.07.07)
Los videojuegos violentos pueden jugar un papel importante en el desarrollo de conductas negativas y que atenten contra la salud, como por ejemplo el consumo de marihuana o de alcohol. Esto fue lo que concluyó la Dra. Brady y el Dr. Matthews, de la Universidad de California y Pittsburgh, respectivamente. (TechNewsWorld. 10.04.06/ Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine. Vol 160. N°4. Abril 2006).
Hope Cummings, investigador de la Universidad de Michigan, publicó un estudio según el cuál, los niños que usan videojuegos en días de se mana dedican 30% menos al tiempo de lectura. Se precisa que ellos invierten meno s tiempo para sus amigos y familiares, así como al deporte y actividades de ocio. A esta conclusión llegó después de examinar a 1491 personas de entre 10 y 19 años (O´Globo. 03.07.07 / Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine. Vol 161. N°7. Julio 2007).
Según estos datos, existe una actual tendencia de los niños y adolescentes hacia los videojuegos y la televisión, mientras que por el contrario cada vez son menos los infantes que juegan al aire libre en un ambiente de sano esparcimiento. En pocas palabras, el sedentarismo de los padres se lo transmitimos de alguna forma a los hijos. ¿Las causas? Algunos señalan que por inseguridad no dan permiso a sus hijos para que jueguen en el parque, otros precisan que por razones laborales no tienen tiempo para jugar con su s hijos.
Se comete un error cuando se confunde ocio con ociosidad, pues la primera remite a un cambio de actividad en nuestros tiempos libres, mientras que la segunda implica perder el tiempo y gastarlo inútilmente. El ocio no consiste en no hacer nada, sino en cambiar nuestra rutina diaria a favor de otra actividad que nos haga desarrollar otras habilidades, como la creatividad y la imaginación. Lo opuesto sería la ociosidad, la cuál en términos de Víctor Frankl, contribuye a crear un vacío existencial e interior que genera aburrimiento y apatía. ("El adolescente y sus retos". Gerardo Castillo. Editorial Pirámide, Madrid, 2005).
Los padres, a pesar que a veces el tiempo laboral no se los permite, deben ingeniar formas para generar espacios familiares en los cuáles coincidan con sus hijos periódicamente en momentos de ocio y tiempo libre no solo para compartir con ellos nuevas experiencias, sino para cultivar la cultura del diálogo así como del necesario afecto que los hijos siempre reclaman y que hoy en día casi ningún padre se atreve a escuchar.
El problema es que existe en nuestra sociedad la dictadura de una publicidad engañosa que dirige intencionalmente el uso del tiempo libre de los niños y adolescentes en el consumo de la televisión y los videojuegos. Razón suficiente para que los padres brinden a sus hijos, criterios claros para n o confundir libertad con "liberación" de cualquier norma o deber propio de su edad. Si la libertad no va unidad a la responsabilidad, la educación ser ía un auténtico fracaso.
Debemos enseñarles a nuestros hijos a descubrir la disciplina en medio de l juego, pero también que aprendan a perder, sin caer en un afán de competencia desmedida en la que se usa cualquier medio con tal de ganar. Un a cosa que no hemos logrado es felicitar a quien nos ganó limpiamente, alegrarnos del bien ajeno y reconocer el error propio, eso hay que rescatarlo.
En lo que atañe a la televisión coincido con Alfonso Aguiló, cuando precisa en el libro *Tu hijo de 10 a 12 años (Hacer Familia, Madrid, 2006)*, que su uso indiscriminado genera pereza y pasividad, lo cuál dificulta la rapidez con la que tiene que actuar un niño de esta edad al momento de hacer sus tareas escolares o de casa.
Como vemos, un uso excesivo de la televisión debilita la voluntad si los padres no ayudan a que su hijo adquiera un sentido crítico respecto a los programas que ve. En mi opinión, la televisión no es mala ni buena, sol o es un medio que, dependiendo como se use, puede ayudar a hacer del niño un ciudadano crítico y culto, pero también puede convertirlo en una "fáb rica de ociosidad", porque en vez de *homo sapiens*, lo transformamos en un *homo videns*. Deben existir con más razón horarios y programaciones supervisadas por los padres. A veces los padres olvidan que las palabras soeces los ni ños también las aprenden de los contenidos violentos y sexuales que la televisión propaga.
Los videojuegos, a diferencia de la televisión permiten una relación m ás interactiva, lo cuál no significa que todos sean recomendables. Considero que -a excepción de los que tienen contenido violento- el videojuego en cierta forma desarrolla la capacidad de diseñar diferentes estrategias pa ra solucionar un problema. Pero los videojuegos con escenas violentas no hacen más que cultivar en el niño, la semilla de la agresión física. En ambos casos -sean violentos o no- los videojuegos, al igual que cualquier otro medio tecnológico como el Internet, debe ser usado con prudencia y sin llegar al exceso, porque de lo contrario se corre el riesgo de que este medio desplace las actividades sociales propias del niño.
Ya que hablamos de tecnología, el Internet es un medio que puede ayudar a convertir información en conocimiento, de modo que el niño también lo use como una fuente de aprendizaje. Pero debemos orientarlo, para que no se "pierda" en contenidos que pueden deformar su conciencia moral. Que no nos pase como el niño Luis, protagonista de la novela "Misterio en Internet" (Josefina Caprile. Editorial DAL. Buenos Aires, 2007) que, por "chatear" con desconocidos, sufrió un robo domiciliario y se aisló de su familia y amigos, pero gracias a la ayuda de quienes le querían, al final logró recuperar su talento para jugar fútbol al aire libre, y transmitir en sus compañeros de clase, talentos como el amor por la poesía, el canto, el folclore y las manualidades. No permitamos que nuestros niños se conviertan en sedentarios.
Comparen el tiempo que sus hijos le dedican al estudio, a las tareas escolares y a jugar al aire libre respecto al tiempo que pasan sentados frente al Internet, la televisión y los videojuegos. Estos medios deben usarse, pero en su debida proporción.
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