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El llamado de la selva

05 / 2007

Silvia Chaud Costa

En 1992 tuve una alumno brillante en el campo literario, al cual sus compañeros de clase lo apodaron "el poeta". Este joven tenía una facilidad extraordinaria para describir y expresar sus sentimientos.

Cuando culminó Quinto año le pregunté a qué se iba a dedicar en un futuro. Me respondió que estudiaría Ingeniería Industrial, pues esa carrera le iba a asegurar su porvenir financiero. Hice hincapié de su gran talento como escritor, pues había sido la primera vez que me topaba con una promesa literaria de tal magnitud.
"El poeta" me dijo que escribiendo no iba a ganar dinero y que su amor por la escritura sería un pasatiempo.

He enseñado a jóvenes con talento para la danza, música, declamación, animación, el canto, dibujo, etc. Especialmente talentos artísticos que han sido sepultados por la sociedad, la escuela y el hogar.

Una estrategia de marketing en un Centro Educativo donde laboraba, era permitir que las Universidades (grandes y pequeñas, buenas y malas) evaluaran a todos los muchachos a carreras que ofrecían. Algunos casos fueron desconcertantes, alumnos que ya tenían su vacante de ingreso estaban a punto de repetir el año escolar, otros escogían carreras al azar sin saber cuál era su vocación, el joven estudiaba cualquier carrera porque el ser profesional le daba status, o en el peor de los casos iniciaban la carrera que sus padres le habían escogido.

Una gigantografía fotográfica anunciaba con orgullo, en la fachada del colegio, cuántos ex alumnos habían ingresado a las universidades. Aquellos que optaban por las carreras técnicas o artísticas no merecían reconocimiento.

Lanzo una pregunta al vacío ¿Por qué los padres temen que sus hijos se dediquen al arte? ... ... ...

Conversando con un padre de familia me expresó su preocupación porque su hijo quería ser futbolista; el muchacho tenía bajas calificaciones en letras y ciencias, sin embargo,
jugando fútbol es uno de los mejores que he visto.

Posteriormente fue convencido que lo mejor para su futuro sería una carrera de ciencias.

Todos conocemos casos parecidos de personas que estudiaron lo que no les apasionaba, el resultado de esto es ser un profesional mediocre, el no ejercer su profesión, el haber desperdiciado años para obtener un título para darle gusto a alguien. En conclusión: infelicidad, frustración, incapacidad ...

Nuestra labor de educadores está en descubrir y desarrollar las potencialidades de los alumnos, a los padres les corresponde apoyar a sus hijos en la carrera que elijan.

Hace veinte años fui a inscribirme para postular a la Universidad. Desde siempre quise ser profesora, que no era del agrado de mi padre por ser una carrera que no le trajo logros económicos a mi abuelo. Estaba voceada como una futura abogada.

Ese día mi madre me acompañó y se percató que no iba a considerar la carrera educativa como una opción. Fue ella quien me animó a seguir lo que anhelaba desde siempre, recuerdo que me dijo: "No renuncies a tus sueños sólo porque a tu papá no le gusta la carrera, eres tú quien trabajará enseñando ... escucha tu corazón, hija..."

Ha pasado más de una década desde entonces y hasta ahora me pregunto ¿Qué clase de abogada hubiese sido hoy?

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