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UNIVERSIDAD Y DESARROLLO: De quien o para quien

03 / 2007

Otoniel Alvarado

No es reiterativo explicitar que la misión, tradicionalmente, asignada a la universidad, como entidad rectora del desarrollo científico, cultural y social de los pueblos y de las naciones consiste en la trilogía funcional ortegiana de investigar, enseñar y divulgar los conocimientos. Por lo mismo, tampoco resulta ninguna exageración o falacia establecer la correlación existente entre el desarrollo de las potencias mundiales como consecuencia del fortalecimiento funcional de sus universidades; los ejemplos están a la vista de todo el mundo académico y profesional.

Sin embargo, dado el propósito de este artículo y a la luz de nuestra realidad universitaria, las universidades peruanas, sobre todo las privadas, al parecer vienen privilegiando u orientando su misión hacia la dimensión eminentemente economicista, aunque también como plataforma política, lamentablemente solo al servicio personal o individual de sus propietarios, antes que del interés colectivo o nacional, como es su razón de ser.

Veamos el porque de estas afirmaciones.

Los nuevos emporios económicos.
Desde antes de la vigencia del reconocimiento legal de la educación privada, (DL 882-96) como actividad lucrativa, la educación superior universitaria ha servido fundamentalmente para ofertarse y ofrecerse como cualquier mercancía, solo basados en la ley de la oferta y la demanda, y como esta es siempre creciente e insatisfecha, más aun en estos tiempos de globalización y de competitividad, los inversionistas han encontrado un valiosísimo renglón económico donde puedan multiplicar exponencialmente sus modestas inversiones, sin ningun tipo de riesgo, ni esfuerzo significativo, llegando a convertirse en verdaderos grupos económico-empresariales, los que como es bien sabido a la larga se convierten en verdaderos entes detentadores del poder político.

Lamentablemente la calidad académica ofrecida por estas universidades dejan mucho que desear, pues al aplicar diversos mecanismos para optimizar el uso de sus recursos y reducir sus costos operativos, descuidan ostensiblemente la atención de los servicios académicos de calidad a la que tienen justo derecho sus alumnos, por estas razones hoy convertidos en "clientes" convencionales, como los de cualquier actividad mercantil. Sólo bastarían observar algunas evidencias que ratifican nuestra afirmación: infraestructura inadecuada, deficiente selección y aun desempeño de los docentes, carencia de investigaciones, admisión de alumnos sin mayor exigencia académica, evaluaciones poco exigentes, certificaciones ISO de algunas áreas o actividades administrativas poco relevantes, etc. de las que seguramente tiene amplio conocimiento y que nada hace al respecto la Asamblea Nacional de Rectores, todas las cuales hacen que la calidad de los servicios y los productos sean muy precarios.

Nuevos agentes políticos.
Diversos enfoques y estudiosos del desarrollo universitario, como Frondizi, consideran, con mucha razón, una cuarta dimensión a la universidad actual, el de promotor del desarrollo político nacional, en tanto constituye la institución exclusiva para la formación de los profesionales líderes para la conducción de los destinos del país, el incremento del conocimiento científico para la solución técnica y racional de los problemas nacionales y el avance cultural de la población en general, por todo lo cual se ha dicho que la universidad constituye la conciencia crítica de la nación.

Sin embargo, en nuestro país, parece ser que esta misión teórica o conceptual no ha sido puesto en práctica plenamente o por lo menos se ha entendido al revés, o de manera interesada, puesto que basados en el caudal económico que la sustenta tienen una gran capacidad de manipulación de su personal docente y dicente, llegando a convertirse en verdaderas fuentes de poder políticos. Esto explica la presencia de dueños y rectores de universidades convertidos en vicepresidentes de la republica, congresistas, ministros, alcaldes y aun en dueños de "sus partidos políticos" como lo venimos observando día a día en el escenario político de nuestro país. Que duda cabe, cada día aparecerán más y más, con el riesgo que tal atribución, inadecuadamente asumida, degenere en el uso indebido o por lo menos poco ético de los recursos de sus estudiantes, cuando no en un peligroso y obligado proselitismo y manipulación política.

Consideramos que el poder político y económico debe desligarse del quehacer universitario o por lo menos transitar por caminos paralelos o divergentes del mundo académico universitario, por más dueño que se fuera. Eso es lo que creo.

Nuestra posición
Tratando de respetar los alcances de la dialéctica hegeliana, para efectos metodológicos del presente comentario, cabe formular una síntesis, a manera de propuestas para la discusión posterior así como para obviar cualquier interpretación subalterna o mal intencionada.

En primer lugar debemos dejar en claro que no se trata de una generalización a todo el universo universitario nacional, nos referimos básicamente a las universidades creadas últimamente al amparo de la legalización del negocio lucrativo de la educación privada.

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