| El Maestro que Deja Huella |
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| 11 / 2007 |
Los criticamos. Les atribuimos los malos desempeños de los alumnos peruanos que no dan pie con bola cuando se trata de sumar y restar, o analizar un texto. Sí, hay mucho que cambiar en la educación peruana.
Pero mis conversaciones con la señora Zaida, una profesora jubilada, que dedicó su larga vida – tiene 83 años- a formar chicos en Celendín, me hicieron pensar demasiado. Ningún obstáculo la amilanó: ni las distancias, ni las carencias. Caminó kilómetros, usó los materiales más variados y ocurrentes, convocó esfuerzos y enseñó, enseñó con optimismo, tratando siempre de hacer ingresar en la vida a sus alumnos, con quienes mantuvo contacto hasta que fueron abuelos.
Es que los maestros, por lo menos algunos, probablemente más de lo que creemos, dejan una marca. Ponen, no tanto las palabras de nuestras vidas, sino varios de sus signos de puntuación. Algunos son comas que nos permiten detenernos y ver las cosas de manera distinta, otros son interrogaciones que nos permiten preguntar y dejar de lado certezas, otros son exclamaciones que nos ayudan a reorientar nuestros caminos o a encontrar lo cómico en sitios inesperados, otros dos puntos que nos plantean alternativas.
Son esas huellas las que nos ayudan a enfrentar la vida.
Cuando Interbank nos convocó a León Trahtemberg, a Hugo Díaz y a mí, para conformar el consejo técnico del concurso el Maestro que Deja Huella, no dudé.
Seguir un proceso que comience en cualquier colegio público de nuestro país y culmine en la elección de un maestro que dejó huella, me pareció una excelente forma de recuperar las memorias de nuestros profesores.
Todos los colegios públicos podrán presentar un candidato llenando un formulario que se encuentra en las UGELes y las oficinas o tiendas de Interbank en todo el territorio nacional. En ese documento deberán documentar de manera sencilla las razones que llevan a proponer al elegido y postularlo como candidato. De cada UGEL saldrán dos maestros o maestras, es decir, 408. Las 26 propuestas más impactantes –una por departamento- pasarán a un jurado que, finalmente, determinará al ganador. Éste se hará acreedor a un departamento y un automóvil, mientras que el colegio en el que trabaja recibirá bienes por 5,000 dólares.
No es mucho, pero es una forma de dinamizar la interacción entre todos aquellos – Estado, escuelas, comunidad educativa, empresas privadas- que tienen la responsabilidad de dar a nuestros niños la educación que merecen.
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