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Columnista invitado

Ayudando a los niños a sobrellevar la pérdida de un ser querido
 
 
07 / 2007
Confrontarnos con la muerte y su significado es siempre una tarea difícil, ya sea para un niño o para un adulto. Son muchos sentimientos los que aparecen en nosotros y muchas preguntas que intentamos responder.

El duelo
Vivir supone, necesariamente, pasar por una sucesión de duelos y su consiguiente elaboración. Solemos pensar, al hablar del duelo, que sólo estamos hablando de la muerte de alguien, pero en realidad, a lo largo de nuestra vida llegamos a vivir y elaborar varios duelos, como la pérdida de nuestra dependencia al dejar la infancia, la pérdida de un trabajo, la ruptura de lazos de amistad o amor, la salida de los hijos del núcleo familiar, la pérdida de la juventud, etc.
El proceso del duelo es un estado normal que implica, para el individuo que atraviesa por él, una desviación de la conducta habitual.
El duelo, el luto y el sentimiento de pérdida, son términos que se refieren a las reacciones psicológicas de los que sobreviven a una pérdida significativa. Por elaboración del duelo, o trabajo de duelo, se entiende la serie de procesos psicológicos que, comenzando con la pérdida, terminan con la aceptación de una nueva realidad.

El proceso del duelo en los niños
Los niños y los adultos reaccionan en forma diferente ante la muerte. La comprensión emocional y mental de los niños es diferente de la de los adultos. Los niños tienen una forma muy propia de determinar la realidad y visualizar el mundo que los rodea. Entender la forma en que los niños perciben la muerte en sus diversas etapas de desarrollo, podría ayudar a las personas que se quedan a cargo, a determinar cómo confrontan este tema.
El concepto que los niños tienen de la muerte, está influenciado por muchas cosas, como la edad, creencias religiosas o culturales, valores étnicos y, especialmente, su relación con la persona fallecida. Además, la reacción de las personas que tienen a su cargo a esos niños es otro factor de importancia para determinar cómo vivirán los niños su pérdida.
Actualmente, se reconoce que los niños experimentan el duelo, sin embargo este proceso muestra algunas características distintas a la del adulto:
- Los niños no se retraen, más bien se tornan demandantes. Necesitan comprobar que sus necesidades serán satisfechas. Buscan un sustituto que les brinde seguridad.
- Desilusión hacia el padre perdido: sienten que han sido abandonados, se sienten desilusionados o, a veces, hasta sienten que no pueden confiar nuevamente porque serán otra vez dejados.
- Emociones cambiantes: rabia, pena, ansiedad, confusión. No están siempre tristes.
- Duelo más prolongado que los adultos: la pérdida va adquiriendo un nuevo significado según la etapa del desarrollo que van viviendo.
La principal diferencia entre el duelo en un niño y el de un adulto, es que, en el primero, las expresiones emocionales y comportamentales intensas no son continuas. La pena puede aparecer de manera más intermitente y corta, pero el proceso dura mucho más.
Durante su desarrollo, los niños reexaminarán la pérdida con frecuencia, especialmente durante los eventos importantes en su vida (primera enamorada, graduación de la escuela, matrimonio, el nacimiento de un hijo, viajes, logros, etc). De esta manera, la pérdida adquiere un nuevo significado en cada etapa de la vida y lleva a un nuevo proceso de elaboración y acomodación.

Cómo hablar con los niños de la muerte
La idea que los niños tienen acerca de la muerte está relacionada con su edad y su grado de maduración emocional.
La intensidad del duelo será proporcional a la intensidad de la relación que existió con la persona fallecida.
• Niño pequeño (0 a 2 años)
No entiende qué significa la muerte. Sin embargo percibe la ausencia de su padre o madre. Los niños en esta edad son muy sensibles a los cambios en la familia, así como al ambiente que les devuelve la idea que algo importante está pasando. La pérdida es sentida como desamparo, y lo manifiestan a través de conductas de protesta, desesperación y desapego.

El niño pequeño sentirá el dolor y la angustia de su familia y necesitará caricias y abrazos que lo hagan sentirse seguro. A esta edad, más importante que las palabras, es el comportamiento de quienes se quedan a cargo.

• Niño de 3 a 5 años
Por el nivel de desarrollo alcanzado, ven a la muerte como algo temporal y reversible, similar al proceso de dormir. Son frecuentes las preguntas: "¿Puede comer?, ¿Va al baño?, ¿Me escucha?, ¿Cómo puedo hacer para visitarlo en el cielo?".

En esta edad el concepto de tiempo también tiene una medida distinta; mañana, pasado mañana o para siempre, se mezclan entre realidad y fantasía: por ello no logra entender que la muerte es para siempre y reclama ver a la persona fallecida.

Para los familiares resulta confuso encontrarse con manifestaciones como risa o desinterés en los pequeños, lo que los hace pensar que no están entendiendo lo que sucede o que lo están evitando. Pero muchas veces es normal encontrar en un momento al niño abatido o haciendo preguntas para entender lo sucedido, y en otro estar feliz, jugando, como si nada hubiera pasado.

Para un niño de estas edades la muerte es mejor explicarla en términos corporales, porque su comprensión es muy literal. Podría decírsele que “su corazón dejó de latir”. El niño cree que la persona que ha fallecido puede volver en cualquier momento. Por momentos puede entender que la persona no está más con él, pero pasados unos días, podrá volver a preguntar por ella y su ausencia.

• El niño de 6 a 8 años
Logran entender a la muerte como un hecho irreversible, pero no universal, es decir, que sucede a otros aunque no a todas las personas.

Ante la pérdida de un ser querido es común que se cuestionen si sus familiares van a morir. Surgen preguntas como "¿Tú también te vas a morir?" que suelen ser difíciles de contestar en esos momentos. Lo que, en el fondo, están preguntando es acerca de la seguridad y la confianza resquebrajada. Lo que necesitan oír de las personas a su alrededor, es que la vida continúa a pesar del dolor que se puede sentir, y que, eventualmente, todos tendremos que morir, pero que el niño se encuentra protegido por sus padres y entorno.

Es frecuente que en esta edad aparezcan miedos, ya que, al no poder identificar la realidad, pueden creer que la muerte es “alguien”, una persona o una especie de “monstruo” que puede venir en cualquier momento a hacer daño, a llevarle de su casa y separarle del entorno seguro en que se encuentra.

En un esfuerzo por entender el mecanismo de la muerte, suelen hacer preguntas que pueden parecer morbosas a los adultos y que pueden motivar una consulta médica: "¿qué pasa con el cuerpo?, ¿se pudre?".

Preguntan por qué la persona murió o indagar quién o qué causó la muerte, dirigiendo, entonces, su enojo hacia ese alguien o ese algo que la causó.

• El niño de 9 a 12 años
Adquiere la concepción adulta de la muerte. Pese a que comprende el proceso biológico de la muerte, mantiene aún la creencia de que la muerte no es algo inexorable y que las causas de que ésta se produzca son “ajenas” y están totalmente fuera de su entorno. Es algo que “les pasa a otros”, por causas extremas, como las guerras y los desastres, los accidentes o las enfermedades de personas mayores.
Muchos niños sienten gran curiosidad por saber qué ocurre después de la muerte. Hablan a menudo de fantasmas, aparecidos y fantasean sobre lo que habrá en el “más allá”.
A esta edad los niños son capaces de sentir lo que los demás sienten, pueden identificarse con el dolor del otro, por lo que, además de necesitar consuelo, pueden dárselo a alguien más. La oportunidad de ser útiles en medio de una situación de crisis, puede ayudarlos a sobrellevar mejor la pérdida.
• El adolescente de 13 a 18 años
La muerte es algo que confronta a los adolescentes, los asusta, porque va en contra de los sentimientos que se exacerban en esta etapa de la vida, especialmente el sentimiento de ser invencibles, todopoderosos. Es algo en lo que no quieren pensar y, muchas veces, toman actitudes que desafían el peligro, como intento por manejar sus temores e inseguridad.

Suelen mostrarse muy molestos y con deseos de venganza, por lo que necesitan ser ayudados a diferenciar sus sentimientos y su conducta, es decir, entender la ira que pueden sentir, pero sin validar comportamientos agresivos. Hay que encontrar maneras adecuadas de poder expresar rabia y pesar.

Algunos adolescentes prefieren conversar con personas ajenas a la familia, ya sea con un consejero estudiantil, psicólogo, compañero de su misma edad, puesto que suelen mostrarse más abiertos con personas que no son parte de la familia.

Cuándo y cómo dar la noticia.
Aunque resulte doloroso y difícil hablar de la muerte con un niño, es mejor hacerlo lo antes posible. Hay que buscar el momento y el lugar adecuados, y tratar de explicar lo sucedido con palabras sencillas. Es importante ser sincero y evitar usar metáforas que pueden confundir al niño. Por ejemplo decir “tu papá se ha ido de viaje por un largo tiempo”, puede llevarlo a pensar que su papá regresará y cuando esto no suceda así, sentirá rabia y frustración. De la misma manera, decirle “tu abuelita se ha quedado dormida”, puede generar temor y confusión frente a la idea de no despertar.
La comunicación debe hacerse con pocas palabras, enfatizando que la persona ha estado muy enferma, por un tiempo largo, o que no pudo resistir un desperfecto de su cuerpo o un accidente. El niño puede tener miedo de morir ante cualquier enfermedad banal, por lo que es importante explicarle que las personas sólo mueren cuando están muy enfermas, o porque están muy mayores. Es caso de accidente, se puede decir que la persona quedó muy malherida y que, aunque los médicos intentaron salvarla, no la pudieron curar.

Contestar las preguntas
Muchas son las preguntas que suelen plantear los niños tras la muerte de un ser querido, pero las principales preocupaciones giran en torno a:
o ¿He sido yo el/la culpable?...
o ¿Me va a pasar a mí lo mismo, o a mi mamá o a mi papá?...
o ¿Si me quedo solo/a… quién me cuidaría?
Es importante estar pendiente de las señales que indiquen sentimientos de culpa y responsabilidad por lo sucedido, ya que pueden surgir fantasías en las que los niños se ubican como potenciales agresores. Muchas veces esto responde a sentimientos ambivalentes previos e inevitables con respecto de la persona muerta.
Algunos niños no muestran demasiadas reacciones inmediatas frente a la pérdida. Es bueno observarlos y ver si ello corresponde a un estilo o que quieren proteger a sus padres de mayor dolor, o porque creen que los adultos se pueden enojar con ellos. En estos casos es mejor buscar la ayuda de un profesional que indague acerca de los verdaderos sentimientos. Es posible que ante personas ajenas que ganen su confianza, los expresen mejor y más libremente.

Animar a expresar sentimientos
Tras la pérdida de una persona amada, los niños viven emociones intensas que no siempre son expresadas de la misma manera, ni con la misma intensidad. Si encuentran un clima de apertura tenderán a expresarlas más fácilmente y podrán vivir de manera más adecuada la separación.
Frases como: "no es bueno llorar", "no estés triste", "ya pasará, tienes que ser valiente", "no está bien molestarse así", "pórtate como un grande", pueden impedir la libre expresión de sentimientos y llevan a confusión con respecto de lo que se espera de ellos.
Por otro lado, es importante tener en cuenta que la manera de expresar sufrimiento por la pérdida, no suele ser un estado de tristeza y abatimiento, como en el caso de los adultos. Es más frecuente apreciar cambios en el carácter y cambios de humor.

La importancia de los rituales fúnebres
Tomar parte en estos actos puede ayudar al niño a procesar mejor su pérdida, ya que le permiten despedirse de la persona amada.
Muchas veces, en un intento por aliviarles el dolor no se suele incluir a los niños en los ritos fúnebres: existe la idea de que pueden asustarlos o traumarlos.
Ciertamente no es conveniente forzar al niño a participar en estos actos si es que no lo desea, pero, por otro lado, es saludable ofrecerle la posibilidad de hacerlo, con la cercana compañía de algún miembro de la familia que se encuentre dispuesto a contestar preguntas. Antes de ello, es mejor anticipar al niño las cosas que verá y oirá, a fin de prepararlo.

La importancia del ambiente
Cómo el niño procese la pérdida de un ser querido va a depender, en gran medida, de cómo se encuentre sostenido por el medio que lo rodea.
Muchas veces se suele evitar todo tipo de demostración afectiva por parte de la familia frente a los niños: con la idea de protegerlos, no permitimos que nos vean llorar, o nos callamos cuando ellos llegan. Sin embargo, es importante señalar que no sólo es normal que la familia tenga y exprese sentimientos de incredulidad, culpa, tristeza e ira, sino que, además, ayudan al niño, ya que reducen la sensación de soledad que experimenta. Al permitirle compartir con los adultos su pesar, ya no se siente solo, ni extraño.
El niño que sufre la pérdida de un ser querido experimenta una serie de sentimientos que no siempre son exteriorizados con palabras. Algunos niños parecen no mostrar respuesta emocional hacia la muerte, lo que resulta desconcertante para los adultos que lo rodean, mientras que otros tienen intensos sentimientos de rabia y desamparo.
Con frecuencia, lo que más ayuda a los niños frente a las pérdidas, es reencontrar el ritmo cotidiano de las actividades: reintegrarse al colegio, volver a ver a los amigos y a las personas que quiere, suelen ser vividos como una fuente de estabilidad. Por ello no es recomendable hacer mayores cambios en la familia cuando ocurre una muerte (mudarse, pasar a otro colegio, etc).

El niño frente a la posibilidad de su propia muerte o el niño con una enfermedad terminal
La mayoría de los niños de todas las edades necesitan recibir información honesta y clara acerca de la enfermedad que sufren, así como de las opciones terapéuticas y el pronóstico que tengan. Lo que se le diga a cada niño, dependerá de las creencias familiares y culturales. En general, lo importante es mantener un clima que favorezca que el niño gravemente enfermo exprese sus temores en relación con su enfermedad y la muerte. Es necesario hacerle saber al niño o adolescente que estos sentimientos de tristeza, confusión, enojo y miedo son, todos, razonables.
Debe ser el niño quien decida si está dispuesto, o no, para escuchar acerca de la muerte: es mejor esperar para hablar con él en el momento que se sienta preparado para hacerlo. Tratar de dar información sobre el tema cuando no existe esa disposición, puede provocar sentimientos de enojo, desconfianza, así como distanciamiento emocional.
Los adolescentes pueden querer hablar sobre la muerte con un amigo, u otra persona que no sea sus padres.
Muchas veces los niños creen que sus pensamientos o deseos pueden causar la muerte o una enfermedad. Por ello es importante explicarles que los pensamientos negativos no causan la muerte de alguien, ni tampoco la enfermedad es un castigo por malos deseos.
En algunos niños se presenta el temor del dolor asociado con la muerte. Es importante asegurarle que la muerte en sí no es dolorosa. Y que los medicamentos lo ayudarán a sentirse mejor.
Otro temor común en niños es el miedo a la separación, a quedarse solo. Este tema puede tratarse recurriendo a las creencias religiosas o culturales específicas relacionadas con el cuerpo, alma o espíritu. Por ejemplo, uno puede decirle que no estará solo en el momento de la muerte.

Señales de preocupación
Entre los signos que muestran que hay un problema en cómo los niños están sobrellevando la pérdida de un ser querido y que nos indican que es necesario buscar la ayuda de un profesional, podemos señalar los siguientes como los más importantes:
• Negarse a aceptar el hecho durante mucho tiempo
• Períodos repetitivos de llanto que no logran controlarse
• Fuerte identificación con la persona fallecida o constantes expresiones de querer encontrarse con ella.
• Ira persistente, rabietas frecuentes sin motivo aparente
• Aflicción constante, apatía
• Aislamiento social o pérdida prolongada del interés por amigos y actividades que solían motivarlo
• Ansiedad severa frente a la separación
• Cambios importantes en el rendimiento académico o negativa de ir al colegio.
• Presencia de pesadillas constantes y dificultad permanente para dormir
• Pérdida del apetito y de peso
• Miedo de quedarse solo.
• Frecuentes dolores de cabeza o de estómago (somatizaciones).

Consideraciones Favorables
Algunas de las condiciones que determinan si el proceso del duelo en los niños se llevará de manera adecuada son:
- Haber mantenido una relación razonablemente segura y afectuosa con sus padres antes de sufrir la pérdida.
- El que se le dé información honesta y clara sobre lo ocurrido, permitiéndole hacer preguntas y participando con la familia en los ritos fúnebres.
- Poder compartir de manera abierta con la familia sentimientos.
- Contar con la presencia de la familia que lo sostenga y le brinde la seguridad que necesita para entender que podrá seguir creciendo bajo su protección.

Cosas que se puede hacer
• En ocasiones ayuda poder elaborar junto con los otros miembros de la familia un álbum, con algunas fotos y recuerdos de la persona fallecida. Los niños podrán escribir notas y los recuerdos más importantes. Esto ayuda en el proceso de elaboración del duelo, porque permite la expresión de sentimientos.
• En lo posible, mantener las rutinas diarias y la disciplina, porque éstos dan seguridad al niño. Aunque se puede hacer concesiones en algunas áreas, es importante comunicar al niño que, en general, las cosas siguen como antes y que no van a haber otros cambios.
• Es importante que el niño entienda que la muerte física en sí misma, no hiere, no duele, que la familia llora porque tiene una herida simbólica en su interior.
• Los ritos y las conmemoraciones tienen importancia para los niños, porque se convierten en ocasiones especiales donde poder seguir mostrando afecto a la persona que ha fallecido. Encienda una vela en memoria del difunto y permita al niño a contribuir, plantando un árbol o flores.
• Es posible que los niños quieran irse a la cama con fotos, ropa o cosas de sus seres queridos. No hay que preocuparse. Por un tiempo necesitará tal vez de algo concreto que ayude a recordar al ser querido.
• Como para todos los adultos, los niños sienten con mayor profundidad la ausencia del ser querido especialmente en días festivos como la Navidad, día de la madre o del padre. Se debe permitir que en esos días se siga la tradición familiar o intentar establecer una nueva.
• A través de sus juegos, los niños pequeños mostrarán muchas veces su rabia o su pesar. No hay que desalentarlos, hay que preguntarles qué es lo que están sintiendo los muñecos con los que juega y permitirle, de esa manera, expresar parte de su sentir. No hay que asustarse si juega a matar o a morirse, ya que posiblemente está tratando de elaborar a través del juego lo que está sintiendo.

Recomendaciones para los padres
• Ser honestos.
• Aceptar todas las preguntas.
• Invitarlos a participar en los ritos fúnebres: explicar con anterioridad lo que verá y escuchará. Permitir ver el cuerpo si lo pide y acompañarlo, nunca forzarlo.
• Animarle a expresar lo que siente. No ocultar sus sentimientos de pena frente al niño, ya que de esta manera entenderá que es normal sentirse agobiado. No restringir su expresión con frases como "no estés triste" o "tienes que ser valiente".
• Respetar su manera de afrontar la pérdida, permitirle cierta irritabilidad, comprender que su rendimiento escolar podrá verse afectado y que pueden haber cambios en su apetito, regresión a comportamientos de niños menores.
• Generar un espacio para poder hablar de sus temores.
• Mantenerse física y emocionalmente cerca del niño.
• Cuidado de no otorgarle al niño roles que no le correspondan. ("ahora tienes que cuidar a la mamá")
• Consultar con un especialista si se sienten muy agobiados y sienten que no pueden hacerse cargo del soporte para sus hijos.
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