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Columna en Peru 21

Las otras puertas
 
 
11 / 2006
Escuchar con atención a un joven es algo que siempre trae enseñanzas, sorpresas y, sobre todo, maneras frescas de entender experiencias que son comunes a todos. Una joven amiga, que sabe mirar las cosas desde dentro y también situarse por encima de ellas -la receta perfecta para un buen escritor-, me contaba sus dudas acerca de la religión. Dudas perfectamente legítimas, propias de todo proceso de búsqueda, aun en aquellas personas que terminan renovando su vocación más adelante.

Pero no fueron sus dudas las que me llamaron la atención. Fue la manera en que graficó la actitud de algunos profesores de religión, en la enseñanza de una materia que debería ser intensa, apasionante y nutritiva en todos los sentidos de la palabra.

“¿Preguntar?”, reflexionó mi interlocutora, “no tiene sentido”, se respondió inmediatamente. “Es como que hay una sola puerta que abrir, donde todo es bonito, perfecto, cuadra sin fisuras, la claridad es incontestable. Y si tú señalas a otro lugar e insinúas que se puede entreabrir otra puerta, o te diriges a ella y la abres nomás, te sonríen, claro, quizá te dicen un par de cosas, pero al toque, algunos como quien no quiere la cosa, por lo menos al principio, otros de manera más agresiva, regresan a la puerta única. En teoría aceptan que hay otras puertas, ventanas, puestos de observación, pero no te dejan, no quieren, no se atreven a realmente dejar que los exploremos. Tienen miedo, es lo que dan a entender, de que nos perdamos”, concluyó.

Nunca he escuchado explicar de manera tan ingeniosa y cruda la mentalidad cerrada, la falsa educación, la relación tramposa entre quienes saben más y los que saben algo menos, el desencuentro entre los que tienen el poder y quienes supuestamente aprenden de ellos a ejercerlo, el cinismo desencantado de quienes fingen dialogar pero saben que cada quien mastica monólogos solitarios.

Mi única discrepancia con la joven que me estaba abriendo una nueva puerta, es que esa forma de relacionarse no es exclusiva de las clases de religión, ni propia, inevitablemente, de quienes la enseñan. Es una manera que aparece en las relaciones interpersonales en general y en las que tienen dosis importantes de asimetría –gobernantes y gobernados, profesores y alumnos, por ejemplo- en particular.

Siempre hay puertas que preferimos, que nos son más fáciles, que están más a la mano, que conocemos mejor, que legítima y sinceramente creemos son mejores. Pero sólo cuando nos atrevemos a explorar junto con otros puertas –salidas o entradas- alternativas, lo que no quiere decir renunciar a nuestros principios, y aceptamos que alumnos, hijos, parejas tienen
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