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Realidad educativa peruana

Politicas en educacion inicial
 
 
05 / 2005
Abrir paso al desarrollo humano y social desde la primera infancia

Silvia Ochoa Rivero

La educación inicial, reconocida como un derecho fundamental desde del inicio de la vida, forma parte de la Educación Básica Regular obligatoria y ello compromete al Estado peruano a atender el desarrollo integral de los niños y niñas desde su primera infancia (Foro de Dakar, 2000, Plan Nacional de Acción por la Infancia y la Adolescencia, 2002-2010, y Acuerdo Nacional de Gobernabilidad, 2003). Los avances en cuanto a la puesta en marcha de estas políticas aún son incipientes, ello puede verse en la escasa cobertura en los servicios de atención a la primera infancia (2,5 % a nivel nacional) y en la calidad del servicio educativo en el segundo ciclo (de tres a cinco años de edad), en el que se requiere de un sustento pedagógico coherente con la práctica diaria.

En el Perú se registran instituciones y programas dirigidos a la primera infancia, desde hace más de un siglo; las primeras informaciones disponibles acerca de estos servicios se remontan a las experiencias asistenciales que Juana Alarco de Dammert fundara en 1896, como la Cuna Maternal de la Sociedad Auxiliadora de la Infancia, dirigida a apoyar a familias de escasos recursos. Desde entonces, muchas pequeñas y medianas iniciativas se han generado, ya sean estas promovidas por la cooperación internacional, las iglesias, el sector privado o el Estado. Sin embargo una gran cantidad de éstas han aparecido y desaparecido sin habernos permitido acumular las lecciones aprendidas.

Pequeñas experiencias no reemplazan políticas generales hacia la infancia

De las pequeñas y numerosas experiencias se debe reivindicar una práctica muy comprometida con la infancia, pero desarticulada y puntual, que centra sus esfuerzos en el trabajo cotidiano con los niños, para lo cual utiliza mucha intuición, valores implícitos y algunos elementos del conocimiento científico que se han desarrollado someramente en los escasos espacios de formación y capacitación que existen en nuestro medio. Sin embargo, a partir sólo de estas experiencias, no se puede generar políticas sociales y educativas que se articulen con lo reconocido a través de los tratados internacionales y los aportes de la investigación académica acerca del desarrollo potencial durante el periodo de la primera infancia y su importancia en el desarrollo humano y social.

Actualmente, la tarea de identificar centros y programas infantiles existentes a nivel nacional presenta algunas dificultades, ya que muchas cunas, las guarderías y los programas de atención diurna y estimulación temprana se abren y cierran cada año. Cabe destacar que en la ciudad de Lima y en las áreas centrales de las ciudades del país, muchos centros de educación inicial privados, que se iniciaron en la atención a niños de tres a cinco años, han decidido ampliar su cobertura a niños de cero a dos años, debido a la demanda del servicio y a la salida de muchos niños de cuatro años, que son trasladados al jardín del colegio en el que van a cursar la primaria, por lo que algunos CEI, que ofrecen el servicio para niños más pequeños, no siempre cuentan con la autorización respectiva ni con un proyecto educativo para estas edades y empiezan prematuramente a hacer ejercicios de aprestamiento con ellos. Además se debe mencionar que la informalidad también ha llegado a estos servicios, donde muchas personas sin formación pedagógica se ofrecen a cuidar y enseñar a los niños pequeños, aprovechando la ausencia de normatividad para esta actividad y a la creciente demanda por este tipo de servicios.

Con relación a la calidad de los servicios dirigidos a la primera infancia, conocemos muy poco acerca de los insumos, procesos y resultados; así por ejemplo, el perfil de las personas a cargo, la metodología y los programas que siguen, los logros que alcanzan, la relación con los padres de familia y la comunidad, son algunos de los aspectos que marchan a la deriva y sobre los cuáles no existe una normatividad que regule criterios básicos de funcionamiento, más allá de los permisos y licencias que otorgan las USE o UGEL y los municipios respectivamente, y cuyos requisitos difieren de una localidad a otra.

LOS SERVICIOS PARA LA PRIMERA INFANCIA:

Los programas orientados a la Primera Infancia en el Perú se registran desde hace más de un siglo, siendo las primeras iniciativas producto del interés y esfuerzo de personas y entidades privadas, con inquietud por solucionar la problemática de los niños pequeños cuyas madres trabajaban fuera del hogar y cuya situación económica estaba caracterizada por la precariedad, por ello, los servicios que brindaban eran de atención asistencial. Así por ejemplo, Juana Alarco de Dammert en 1896, creó la Cuna Maternal "Sociedad Auxiliadora de la Infancia", para lo cual planteó a las jóvenes limeñas una nueva dimensión para su labor social, encargándose del cuidado de los pequeños. Refieren que para el sostenimiento de los primeros servicios para niños pequeños, el Estado asumió excepcionalmente su participación con una subvención anual asignada por el Congreso de la República, a fin de que se brinde educación, alimentación y cuidados de higiene a hijos de madres obreras. (Ibáñez, 1981).

Sin embargo ya en ese momento se aspiraba a poner en práctica los principios y métodos educativos de Fraubel, quien propugnaba la creación de ambientes en "que los niños pequeños crezcan, maduren y se desarrollen de manera natural a través de experiencias sensoriales y ejercicios corporales y de relación con su medio".

Aunque las pioneras de la educación inicial en el Perú: Elvira García y García, Victoria y Emilia García Bonifati, formularon propuestas educativas que incluían a los niños a partir del segundo año de vida, hubo que esperar casi un siglo para que el Estado definiera como una prioridad política, el desarrollo de instituciones educativas específicamente destinadas a la primera infancia.

Es importante señalar que mientras la Educación Preescolar fue tomando importancia desde la década del 40, siendo normada a través de la Inspección General de los Jardines de Infancia, en cambio las Cunas Maternales y Centros de Cuidado Diurno, fueron expandiéndose muy lentamente, sin ningún marco normativo pedagógico, ya que éstas no fueron asumidas por el Ministerio de Educación, sino por la Dirección de Asistencia Social del Ministerio de Salud desde 1969, cuando creó estos centros destinados a niños de poblaciones necesitadas, con una orientación asistencial y una modalidad itinerante; pocos años más tarde (1972), estableció un convenio con el Sector de Educación para la asesoría en los aspectos pedagógicos. Asimismo, los Centros de Cuidado Diurno financiaron sus servicios en base a una subvención del Ministerio de Salud, donaciones de alimentos (Cáritas, Ofasa) y cuotas de los padres de familia.

También en la década del 70, con el impulso renovador que logra la educación inicial, se formularon las estrategias no escolarizadas que incluyeron a los servicios para la primera infancia, como el Programa Integral de Estimulación Temprana con base en la Familia (PIETBAF) y el Programa de Atención Integral a través de los grupos de madres (PAIGRUNA). Asimismo la Junta de Asistencia Nacional JAN, al igual que algunos municipios, promovieron el funcionamiento de las llamadas "Guarderías", centradas en la atención a los niños. Desde esos años y hasta la década del 90 las Cunas eran definidas como Centros de Educación Inicial que brindan atención a las necesidades básicas y de estimulación pedagógica para el desarrollo integral, a la vez que apoyan en la prevención y detección oportuna de los problemas de orden biopsicosocial que pudieran afectarles.

La inversión del Estado en los programas dirigidos a la primera infancia ha sido mínima con relación al aporte económico y al trabajo de los padres de familia, la comunidad y las instituciones de promoción infantil. Los servicios de atención a la primera infancia han funcionado y siguen desarrollándose fundamentalmente en locales comunales, salas parroquiales y domicilios particulares. Por ello existe una gran diversidad de características en cuanto a la infraestructura, en términos de la amplitud, iluminación y equipamiento, no contándose con especificaciones mínimas para el funcionamiento de los servicios.

Durante los últimos veinte años los escasos lineamientos curriculares y de política educativa dados desde el Ministerio de Educación, han dejado descubierta una franja muy amplia para la improvisación en este tipo de servicios de cuidado, atención o educación que se brinda a los pequeños, por ello, es posible encontrar una gama de prácticas educativas que organizan los programas de intervención en la Primera Infancia. Cabe destacar que la Estructura Curricular Básica de Educación Inicial (1981), fue el primer documento oficial que se ocupa de considerar los contenidos a desarrollar en secuencias cronológicas a partir del nacimiento hasta los tres años de edad.

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